martes, 20 de diciembre de 2011

Invierno

Abriste los ojos, y partiste la realidad en dos, como un juguete, como un espejo. Abandonaste tu cama, que poco a poco fue perdiendo calor, hasta quedarse como el oscuro contenedor de pesadillas que en realidad era, hasta quedarse como en único testigo de tu marcha. Necesitabas salir, irte de esa casa que te daba dolor de cabeza al ritmo que te oprimía el pecho, y aún tuviste el valor necesario para mirar atrás cuando te alejabas por la calle, sin prestar atención al peligroso color morado que tomaron tus labios. Baldosa a baldosa, parecías una Dorothy en busca de un Mago de Oz que te enseñara a atarte los cordones, que te alejaba de la tierra del oeste a un ritmo de treinta nudos. No te fue fácil encontrar un bar abierto, así que acabaste por coger robada una taza de un puesto, y saliste corriendo con el chocolate caliente, muy caliente. El chocolate sustituye al amor, pero tu no estabas para placebos, y rechazaste el cálido abrazo de la bebida navideña, y aún con los labios pintados de marrón, cogiste el primer autobús que pasó por la parada, sin saber el destino, sin sin mirar el número del letrero luminoso. Bajaste cuando las nubes dijeron que volvieras a la tierra, y te encontraste en el medio de una ciudad desconocida, llena de extraños, cerraste los ojos con fuerza, justo como te habían enseñado en clase que había que concentrarse, y una lágrima, un poco grisácea a causa del maquillaje, cayó sin pausa por tu moflete, y tocó el suelo ante la indiferente mirada de los viandantes . Abriste los ojos, todo volvió a su lugar durante cinco segundos. Los pájaros volvieron a volar, el sol brilló de nuevo, y el canto de los niños llenó la plaza. Pero, pasados los tres segundos de cortesía, en cuanto cayó la segunda lágrima, las nubes volvieron a cubrir la plaza, los pájaros se fueron, y del sol solo quedó un vago resplandor blanco detrás de los cirros . Nadie pudo salvarte del invierno en el que se fundía tu corazón

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Jitimai

Melancolía, que persigue como lo haría una estela de humo a la varilla de incienso de la que ha salido, parecen días los segundos en los que eran la misma cosa, en los que nuestra habitación no estaba teñida del olor meloso que ahora se enreda en las pestañas. Esta melancolía, cómo el barro, solo hunde, y lo peor es que no se puede recuperar lo que nunca se ha tenido, y las plumas de pavo real  se hunden sin pausa en ese manto de mentiras, de indiferencia, de mierda. De unas semanas de gloria que solo precedían a un ocaso que no parecía mejor que esto.
Pero lo es, es raro escribir pensando en ti, y no sentir nada más que rabia, vacío, cuando apenas cruzamos una palabra. Pelirroja, corre detrás del conejo blanco y métete en su madriguera, devuelve el tiempo y despinta las rosas rojas, mata a el gato risueño de pena y vuelve para comerte un pedacito de tarta envenenada que diga <<Cómeme>>
En este mundo donde no existen lo finales felices,  los complejos hacen lo necesario para que nos metamos en nuestras cajitas de plástico, y saludemos al público que nos mira desde su escaparate, para que nos compre y nos utilice para sus caprichos tontos, vida, la llamaban.
Te quiero y punto, mis ojos no ciegan los tuyos, pero nadie ha dicho que tenga que ser reciproco, igual que esta cicatriz que me cruza el cuerpo, de la que tu no disfrutas el dolor.

jueves, 13 de octubre de 2011

Rhapsodia Azul

Ahogarme en quejas mudas, fumar de una pipa de burbujas, con una cometa en el cielo, que hace las veces de estrella fugaz que me guía hasta mi particular oriente, que no es otro que tus ojos. En vez de cruz, un relicario con un espejo, primer mandamiento YO, segundo EGO, y tercero, una rosa para terminar cada canción,

Pensando que volamos, cuando en realidad estamos anclados, anclados a una verdad que escapa, un suspiro sumiso y un autobús que no llega. Calcetines dos tallas mas pequeños, una zapatillas y ya parece que vuelas, nada como extender los brazos y dejar que el viento haga el resto. Nada como el brillo de tu sonrisa.

Un cuaderno rojo, de una ralla, un significado y un nuevo idioma
Ich liebe dich dicho a voz de pronto y mal humor, un autobús que tampoco llega, pero del que desprenderse por no tener muy claro el destino. Nashville, Franklin, cinco, tres alfileres en un mapa estatal y una nota en el aire, que significa el principio,

Pero también el final, y la melancolía solo tiene cabida en las estaciones de autobuses: Una isla semi-tropical, una canción y un coche para recorrerla, un reflejo entre los árboles que seguir como en los cuentos de hadas. Perderse en el monumento al Holocausto, persiguiendo a un diente de león con caries.


Amanecer carmesí

Cada paso, es una promesa, un ermitaño, es una bondad a media, de sonrisa incompleta, amoratada mirada, testigo de la naturaleza del hombre. La brújula de un ermitaño es, sin embargo, el mayor tesoro, pues no hay mejor norte que el que indican las venas cavas, sonriendo a través de tu flequillo.

Paso a paso llegas a las vías de tren que traviesas, juegan a alejarte de tu hogar, poniendo horarios al corazón, y obligándole  colgarse el cartel de “Cerrado por reformas” Y no contentas, mezclan historias en un vagón de numero impar, que avanza como lo haría un pez en el agua, para mezclar rutinas.

Ojos de lujuria sustituyen los ojos de la cegada justicia, cuya balanza se desequilibra por una flecha mal apuntada de un ingenuo cupido, al que el tiempo a reducido a un <<TQM>> en un móvil a las cinco y cuarto en un metro que huele a establo. Vaso a vaso, te das cuenta de que solo somos corazones incompletos.

Si pudieras volar, preferirías bailar, con una frase se expresan principios, sueños e ilusiones esperando esperar por un amor que desespere nuestra vida, solo somos figuritas de acción jugando al capricho de un dado de vente caras, que se queda corto cuando conoces a una pelirroja esquizofrénica, zurda y pelirroja.

miércoles, 22 de junio de 2011

 Te olvidaré lo juro, seré fuerte, y no miraré hacia atrás hacia ti que te vas como un tren descarrilando, saliendo te de tus vías, me olvidaré de ti y de tu esencia, de ti, y de lo mucho que representas, pero en el funeral, déjame derrumbarme, déjame que sea ese pequeño desliz que no te gustaría ver, deja que en mis lágrimas se refleje el sol y un arco-iris cubra mis ojos, para así alejarme de esta marabunta, de abrazos, de no sé lo merecía, en el funeral, toda mi preocupación reside en el funeral

martes, 7 de junio de 2011

Mensajero de Susurros

¿Un corazón Roto?
No, que va, ya quisiera, lo que me trae a ti, es mucho peor, te traigo un corazón agonizante, que aún palpita, iluso él, sigue funcionando, y reparado lentamente sus cicatrices, seguro estoy de que resurgirá al empezar el verano, al terminar la fatiga del instituto, y tonto de él,volverá a intentarlo, se expondrá otra vez, volverá recorrer por el la sangre, volverá a bombear vida, para engendrar un dolor conocido, una decepción indecisa, y tú, que oyes y te sientes aludida, no tienes ni idea de tu equivocación, pues este dolor es superior a cualquier persona, a cualquier sentimiento, este dolor no conoce de fronteras, así que tu no eres una excepción, no causes daño ya ahorrado, puesto que no hay mas fugaz briza que un hola y adiós

Olor Canela II

Olor Canela es una novela en proyecto, así que os dejo otro fragmento, muy corto.
-No quiero saludarte, y a la vez, solo vivo para tu mirada...
+¿Que dices?
-Que no quiero saludarte...
+¿Porqué?
-porque cada hola termina con un adiós... y no se si estoy preparado para afrontarlo...
+¿De que hablas?
-No lo sé, quizás...de lo que me susurran tus pestañas

Blanca cómo la nieve, roja cómo la sangre

Ésta es la primera vez que voy a subir un fragmento que no he hecho yo, se trata de Blanca como la Nieve, Roja cómo la sangre, un libro muy bonito, que os recomiendo

Cada cosa tiene un color. Cada emoción tiene un color. El silencio es blanco. De hecho, el blanco es un color que no soporto: no tiene límites. Pasar una noche en blanco, quedarse en blanco, levantar bandera blanca, dejar el papel en blanco, tener el pelo blanco. Es más, el blanco ni siquiera es un color, como el silencio. No es nada. Una nada sin palabras o sin música. En silencio: en blanco. No sé quedarme en silencio o solo, que viene a ser lo mismo. Me da un dolor un poco por encima de la barriga o dentro de la barriga, nunca lo he sabido

Olor Canela


Nada mas llegar, Alex se dirige hasta el fondo de la estancia vacía desde donde Eléonore le contempla con una sonrisa.
-Eléonore- dice Alex extrañado- ¿Hoy no te has puesto Canela
La francesa aspira el aire y percibe el dulzón aroma con la que todo el mundo la identifica.
-Sí, lo llevo ahora mismo ¿Por?
-Eléonore…- Alex empieza a sollozar, con la mirada perdida.- Hoy he ido al medico…
-¿Qué pasa? ¡Alex, no puedes hacerme esto! ¿Que te pasa?- pregunta Eléonore que se esta asustando al ver la expresión de su acompañante.
-Tengo anosmia… crónica- dice Alex, y una lágrima cae de sus ojos verdes.
-¿Qué es…eso?
-Un perdida degenerativa del…sentido del olfato.
-Bueno… Podría…
-… ¿Haber sido peor?
- Pues si Alex, ahora mismo podrías estar ciego, o mudo o sordo, podrías haberte quedado parapléjico.-Dice Eléonore.
- Si no puedo olerte estoy ciego, porque no puedo perderme en tus ojos avellana, no puedo admirar tus caracolas del color de la arena mojada, estoy mudo porque no puedo decir lo mucho que me gustas, estoy sordo porque no puedo oír tu voz, y estoy parapléjico porque no puedo acercarme a darte un beso.
Eléonore se levanta y le besa suavemente en los labios
-¿John Paul dijo que el amor esta en el aire?-dice Alex- el amor está en nuestros labios.

martes, 31 de mayo de 2011

Goodbye My Lover

Este relato es una carta, basada en la canción de James Blunt "Goodbye My Lover"


Sabes, esta es la última vez. La ultima vez que me expongo, la última vez que me caigo de rodillas, frente a una cegadora realidad. No, lo asumo, no soy lo suficientemente bueno, para ti, o para cualquier otra, me dado cuenta de que solo soy un erizo entre globos, que solo estorba y hace daño, ¿Pues sabes lo que te digo?, que si, que has significado mucho, demasiado quizás, pero no puedes ser tan egoísta, cómo para sonreírme por un pasillo, porque, por si no lo sabias, una sonrisa tuya jode la capa de indiferencia que intento mantener para no incomodarte...
Y luego están tus fotocopias, tus copias imperfectas en las que puedo ver tu sonrisa, pero es siempre lo mismo, siempre es una decepción siempre es un hola que termina con un adiós, así que lo que voy a hacer , voy a dar el último adiós, que se que para ti será fácil, ya me lo has dado miles de veces.
Estoy tan harto por tener que pedir perdón...


domingo, 29 de mayo de 2011

El peso de una perla

La variable fortuna, vigila y ataca, olvida, pero no perdona



Cae y se hunde. Un  animal sin boca engulle lo que nunca debió salir de ella, lo que tanto dolor a causado, cae y se hunde, y ahora, en el gigante estomago azul, descansa entre la arena del fondo. Carl se aparta un momento para mirar hacia atrás, donde el sol se está poniendo, toma carrerilla y salta con los brazos abiertos, y siente el aire golpear su sucia cara.

<<Es como dicen, ves toda tu vida momentos antes, aunque para mi, mi vida comienza en el momento en el que una adinerada doncella, en ese momento altiva y egoísta, va por una de las pequeñas calles de la capital de España, con el susurro del viento como único acompañante, encima de unos tacones color rosa.
Roxana, cómo se llama la chica, pasea su cara de desaprobación por mi figura, la de un mendigo tirado en la acera, con un raído vaso de café en alto.
<<Si están ahí es porque quieren>>piensa malhumorada<<Ensuciando las calles con su inhumana presencia. Chusma>>
En ese preciso instante su tacón se parte, y su collar de perlas se desata, esparciendo todas las cuentas por el suelo. Quiso la casualidad que la única perla especial de ese collar, fuera a parar a mis callosas manos. Roxana sigue andando, sin molestarse por recoger las perlas, ya que seguramente tiene otros collares como ese. Veo relucir la perla, golosa en las palmas de mis manos. Voy a venderla, a diferencia de las pesetas del vaso, con esta adquisición me podré pagar una noche en una posada cercana. Avanzo con mi paso quejumbroso, hasta una pequeña joyería. Llamo a la campanilla, y como espero no me abren, asíque sigo avanzando por la avenida. Avanzo hasta llegar a un descampado por donde cruza una pequeña vía de tren, donde los niños juegan al ritmo de las nubes, que avanzan pesadas hacia un nuevo horizonte. De repente empiezan a chillar, un tren se acerca y un niño se ha quedado atrapado entre dos travesaños, Corro, tan deprisa como me lo permite mi osteoporosis hasta la vía roja, donde levanto fuertemente el travesaño  donde la zapatilla del niño sigue atrapada. La quita y corre, pero yo no sufro la misma suerte. EL tren me da en la nuca  antes de que pueda agacharme. Sigue pasando por encima de mi, indiferente a que esté en el hueco justo para permitirle avanzar. Cuando pasa, noto algo caliente en el cuello. Sangre. Los niños se van corriendo y me quedo solo. Pasan minutos, quitas un hora, pasan trenes pero no me hacen daño, sigo en el mismo hueco que tienen los trenes entre las ruedas. Oigo sonidos, un trino de pájaro, el paso de una avioneta, hasta que escucho una voz. Me aferro a esa voz mientras se acerca su dueño, el niño al que he salvado la vida me mira, tiene la pierna escayolada. Su padre, el dueño de la voz, me arrastra hasta fuera de la vía, y me lleva hasta un coche, que me lleva al pequeño hospital de la ciudad. Paga al medico alegando que he salvado a su hijo. Me cosen la brecha y me hacen una transfusión de sangre, porque he perdido bastante, me cambian los jirones que llevo encima por ropa limpia, y el hombre me lleva a su casa, donde me explica que cuidara de mí.
Mi estancia en la casa de los Heers, la familia que me acogió duró unas semanas, hasta que una bala con el nombre de mi salvador se alojó en el pulmón del destinatario.
Abandoné la casa, con la sorpresa de que me había incluido en su testamento, nada más ni nada menos que el treinta por ciento de todo su capital, que invertí en una gran casa.
En la planta baja abrí un banco de comida, no iba a soportar que más gente pasara hambre. La dama, la dueña de la perla divina, que nunca se ha separado de mi, esta en frente mía con un tazón vacío, con el pelo sucio y descuidado, mirándome suplicante para que le de algo de comer. Antes de eso, le doy la perla con una sonrisa, y le digo dulcemente que todo va a ir bien. Le lleno el plato y le aconsejo que repita mas tarde.
Pero todo se trunca, los mendigos toman mi casa, irrumpen en mis habitaciones, y atracan mi caja fuerte, la revientan con los tenedores que les he brindado. Sacan mi dinero, secuestran mis  criados, se llevan todo.
Me quedo sentado en el suelo de la gran sala de estar ahora vacía.

                                             Unas semanas después

Vuelvo a estar en la calle, aunque bien vestido, he vuelto a adelgazar, y mi anoréxico cuerpo se muestra cansado y canoso.
Paseo tranquilamente por un parque mientras un montón de hojas amarillentas bailan al son de un  acordeón que suelta sus notas a la tarde, que se presenta húmeda. Una pareja acomodada comenta algo. Oigo <<Roxana>>. Me acerco y me entero de que se va ha casar con un rico noble catalán, dentro de un mes en Barcelona. Los amantes van a la casa de Roxana, conmigo detrás, siguiéndoles. Entran y tras media hora salen con  Roxana. Voy a hablarla.  Me mira y se le ilumina la cara, me ofrece una invitación a su boda, aunque yo la rechazo porque no tengo medio para ir a Barcelona. Ella se ofrece a llevarme en la avioneta de su futuro.
Llegamos a Barcelona por la mañana, y entonces recuerdo lo que he venido a hacer. Le pido la perla, pero ella rehúsa de dármela, dice que le da mala suerte  no llevarla. Tiene razón, en cuando la toqué, pagando un pequeño precio, me hice de oro, y no fue hasta que le di la perla que perdí toda mi suerte. A ella le pasó lo mismo. Le arranco el collar de perlas en el que se encuentra y salgo corriendo. Salgo de l aeropuerto y corro por la ciudad, hasta perderla de vista.
La boda de Roxana es un desastre, en el convite, se encontró a su recién adquirido marido pasando la noche de bodas con una rubia desconocida.
Yo estoy sentado en el parque de Güell observando la ciudad, ando hasta las afueras, hasta un acantilado. Tiro las perlas en el suelo embarrado, y enseguida distingo a la perla divina, que brilla con inusual embrujo. Me acerco al borde del acantilado y tiro la perla. Cae y se hunde. Un  animal sin boca engulle lo que nunca debió salir de ella, lo que tanto dolor a causado, cae y se hunde, y ahora, en el gigante estomago azul, descansa entre la arena del fondo. Me aparto un momento para mirar hacia atrás, donde el sol se está poniendo, tomo carrerilla y salto con los brazos abiertos, y siento el aire golpear mi sucia cara. Observo desde los veinte metros las piedras que acechantes, me darán muerte cuando me sumerja en el agua. Respiro, y me siento vivo.>>

Vivir en un cubo de rubik



Segundo relato, este con un tema más amable.
VIVIR EN UN CUBO DE RUBIK
Es una tarde de domingo, y como todas para algunos alumnos, en la cama de la habitación, descansa una gran colección de libros y cuadernos, llenos de esquemas torcidos rodeados de frases ilegibles, el color rosa resalta en toda la habitación, que se contrasta con un olor a vainilla intenso y recargado, que corta la respiración cuando no estás acostumbrado. Dos risas cansadas se alzan entre una muchedumbre de murmullos de concentración, y de comprobaciones de respuestas.
-Clara, ¿a ti que te ha dado con esa cosa? ¡Le haces más caso que a mí!
-No es una cosa, se llama cubo de rubik… ¿No sabes lo qué es verdad?
-Pues para que lo sepas, sí, pero no sé hacerlo, así que para el caso, no sé lo que es.
-Hay que ver que sosa eres Lu, hay que verlo para creerlo, pues yo si sé hacerlo, tengo los algoritmos aquí – Dice mientras se señala la cabeza
-¡Eso no vale! Hacerlo con una técnica es como si lo estuviera haciendo otro, solo que te mueve las manos.
-Tú y tus “honradeces”, y ¿cómo lo harías tú guapa?
-Deshaz lo que lleves y déjamelo.- Dice Lu divertida.
-¿Estás loca? Ni muerta te dejo yo mi cubo, ¡si ni siquiera sabías como se llamaba!
- Tú misma, me voy a poner a hacer lo de Mates, si cambias de idea, me avisas.
Se gira en la cama y se pone a hacer algo de geometría, coloreando el cuaderno con cuidado. A los pocos segundos de oír el cubo girando, lo ve ponerse ante ella totalmente deshecho. Sonríe, y lo coge de las manos de uñas pintadas, de su amiga.
-Sabes que soy malísima en geometría – se queja Clara - ¿Cómo lo vas a hacer?
Lu coge el cubo y primero gira la cara de abajo, y después la de la derecha, sigue así sucesivamente durante unos minutos, hasta que Clara la detiene con un gesto.
- ¿Pretendes hacerlo así?
- ¿Y porqué no? así se tiene que poder resolver, o al menos eso creo.
-Pero, eso no tiene lógica…
-¿Acaso algo la tiene? -Ríe Lu. – Está es mi manera de hacerlo, como, mi manera de vivir.
-Ya se ha puesto la niña filosófica. –Empieza Clara
- Párate a pensarlo, si le das unas vueltas verás que tengo razón, puedes hacer un cubo de rubik muchas veces, pero la primera es la que importa, y mi primera vez lo voy a hacer así, solo puedes elegir una vez, y yo he elegido hacerlo de este modo, por intuición, tú puedes hacerlo con los algoritmos, pero estás viviendo la vida de otro. Yo sin embargo, estoy viviendo mi vida , como quiero, sin restricciones.
- Pero con fallos, seguramente no lo conseguirás nunca, ¿cómo puedes estar segura de que no fracasarás?
-Y eso es exactamente lo excitante, puede que tenga sesenta años y no lo acabe, o incluso me muera antes, pero nadie me podrá decir que no lo he intentado, te juro que lo voy a conseguir, Además, ¿Qué sería de la vida sin fallos, sin ilusiones? Habrá días que me despierte sin ganas de hacerlo, y me acueste por la noche sin ni si quiera intentarlo, que piense como tú, que no merece la pena intentarlo, pero también sé que habrá otros días que me encantará tirarme un día tumbada al sol haciendo mi truco, y lo conseguiré, de eso no tengas duda. Igual que conseguiré vivir como a mi me gusta.
Un silencio recorre la habitación, solo interrumpido por una canción que suena amortiguada desde un radiocasete antiguo.
-¿Sabes?... Mañana te voy a acompañar a comprarte un cubo de rubik- Dice Clara- Y tampoco utilizaré algoritmos para vivir mi vida
-Vale, vayamos a vivir nuestro cubo de rubik
Ríen y pasan hablando el resto de la tarde, comiendo y jugando, eso sí, después de haber hecho todos sus deberes.
MUCHO TIEMPO DESPUÉS
Lu, o Lucrecia, como se daría a conocer mas tarde, vivió la vida del modo que quiso, acabo sus estudios en una facultad pintoresca al sur de la capital, y se consagró como diseñadora de moda años mas tarde, con su primera colección sobre las pasarelas, pero quiso un borracho cualquiera, poner fin  a su vida un sábado de Enero, momento en el que sus párpado se cerraron para siempre, pero, cualquiera que se fijara bien, podría ver que entre sus manos, aferrado con fuerza, había un pequeño cubo de rubik completado. Ella había vivido su cubo de rubik. 
Lu

jueves, 19 de mayo de 2011

Labios Carmín

 Para encabezar la lista de relatos, empezamos con un relato de mi propia cosecha,  ya que soy un alumno más, no gané pero a este relato en particular le tengo mucho cariño, porque enseña cosas, cosas de las que casi todo el mundo huye, pero de las que tenemos  que aprender. 
LABIOS CARMÍN
Siempre me han dicho que tengo que ser fuerte, que no puedo llorar.
Siempre con la misma cancioncita, pero aquí estoy de nuevo, con las lagrimas deslizándose hasta mi barbilla, y salpicando contra el frío suelo de baldosas en el que se hincan mis rodillas. Un reflejo, distorsionado, me mira con asco, y yo le devuelvo el gesto desde mi posición altiva. Mis dedos se introducen lentamente en mi boca, y una primera arcada me provoca un escalofrío pero solo eso.
Me doy asco, comprendo que se lo dé a los demás, ¿Si no te quieres a ti misma quién se va a preocupar de quererte? Un fantasma se apodera de mi reflejo, que me habla sumergido. “Eres una cobarde, ya sabía que no serias capaz de hacerlo” Más lágrimas “Eso es lo único que sabes hacer” Dice “Llorar y hacer daño, como la niña egoísta que siempre has sido”  Mi figura se deforma, y se transforma en la de mi Madre. “No vales nada ¿Me equivoco?, Eso estás pensando, eso es lo único que piensas, día y noche, no tiene límites…” Dice “Hazlo, venga, sabes que lo harás, ahora no tienes otra” “Cállate” Le contesto yo. “No tienes lo que hay que tener para hacerlo” Me reprocha ella “Eres como una pagina en blanco, y esto una mancha de tinta que se está haciendo demasiado grande para mi gusto” Vomito, solo para que se calle, pero no es suficiente, solo ha sido un calentamiento, su reflejo se rompe por la caída del líquido. Respiro “Sabes que vas a hacerlo, sabes que echarás hasta el alma por la boca” Ella otra vez. Cierro lo ojos. Me relajo y vuelvo a abrirlos lentamente, ya no está, un terror me recorre por dentro, y un murmullo sale de mi boca, a la vez que mis pupilas se encogen “Mamá, mamá, mamá, por favor, no, no me ignores, mamá no por favor…”  El reflejo torna y mi madre me mira interrogante “No lloraré” Murmuro “¿Te has tomado la pastilla no?” “Claro que lo he hecho” Contesto. Mi reflejo toma de nuevo mi forma “No puedes vomitar sin ella, como siempre ¿Es curioso no crees? Una bulímica que no puede vomitar por sí sola, parece un chiste” En ese instante mi cerebro se bloquea, una palabra inunda todo mi ancho de banda, dolor, en mayúsculas, y me obliga a quedarme quieta en el helado suelo de mi baño. Me duele la tripa, mucho, aguanto la respiración para levantarme a duras penas hasta  el espejo, y abro el grifo que está justo debajo, oxidado y con poca presión y me mojo el pelo. Agua reparadora, agua amiga, me mojo las muñecas, y me miro al espejo, sucio de quién sabe qué. Mi reflejo saca los brazos de su prisión asimétrica, y cierra los dedos entorno a mi cuello “¡Hazlo! ¡No te rindas, no ahora! ¿Por qué eres tan imbécil? ¿Por qué no sirves para nada? ¡¡Estúpida!!” Aprieta las manos, siento mis tendones hacer exactamente lo mismo, solo que mis brazos están quietos, muertos a lo largo de mi cuerpo, levanto la vista, la miro a la cara, no soy yo, es mi madre “Si has sido capaz de llegar hasta aquí, ¡continúa!” Vuelve a tener mi cara, pero eso es lo de menos, acerca sus etéreos labios marchitos a lo míos y me da un beso seco, que me devuelve todo el aire que me niegan sus opresoras falanges mientras me arrastra hacia la ventana de la que ha salido, y me deja a unos milímetros de la superficie perlada del espejo antes de desaparecer. Caigo de rodillas al suelo, y voy a gatas hasta el váter, de vuelta a donde he empezado. Me duele otra vez la tripa, apoyo los brazos en la taza,  no puedo pensar en nada. Mis dedos vuelven a recorrer mi boca, buscan y encuentran su destino, y una arcada hace que algo en mi interior se revuelva. Siento algo ascender por la garganta, pero intuyo  que algo no anda bien, esta en mi boca, pero no sabe a bilis, sabe a hierro… Cae en la taza del váter, inundando todo de un rojo escarlata.
SANGRE
Mi cerebro sufre un cortocircuito que hace que me desmaye, y abra los ojos tras unos minutos, mis labios están rojos, siento como mi reflejo me abraza. Distingo un charco de sangre ante mis mejillas, levanto mis ojos verdes para mirar a la puerta, donde mi madre me mira con cara de pasmoso terror.
Elijo con cuidado las que serán mis últimas palabras:
-M… Mira mamá, aquí está lo… lo que querías, mi alma, por la boca, a tus pies.
 Siempre me han dicho, que no debo llorar, que tengo que ser fuerte, pero, ya no más, ya nada de esto importa.

 

Bienvenidos

En este blog iré publicando mis trabajos literarios