Ahogarme en quejas mudas, fumar de una pipa de burbujas, con una cometa en el cielo, que hace las veces de estrella fugaz que me guía hasta mi particular oriente, que no es otro que tus ojos. En vez de cruz, un relicario con un espejo, primer mandamiento YO, segundo EGO, y tercero, una rosa para terminar cada canción,
Pensando que volamos, cuando en realidad estamos anclados, anclados a una verdad que escapa, un suspiro sumiso y un autobús que no llega. Calcetines dos tallas mas pequeños, una zapatillas y ya parece que vuelas, nada como extender los brazos y dejar que el viento haga el resto. Nada como el brillo de tu sonrisa.
Un cuaderno rojo, de una ralla, un significado y un nuevo idioma
Ich liebe dich dicho a voz de pronto y mal humor, un autobús que tampoco llega, pero del que desprenderse por no tener muy claro el destino. Nashville, Franklin, cinco, tres alfileres en un mapa estatal y una nota en el aire, que significa el principio,
Pero también el final, y la melancolía solo tiene cabida en las estaciones de autobuses: Una isla semi-tropical, una canción y un coche para recorrerla, un reflejo entre los árboles que seguir como en los cuentos de hadas. Perderse en el monumento al Holocausto, persiguiendo a un diente de león con caries.