miércoles, 23 de noviembre de 2011

Jitimai

Melancolía, que persigue como lo haría una estela de humo a la varilla de incienso de la que ha salido, parecen días los segundos en los que eran la misma cosa, en los que nuestra habitación no estaba teñida del olor meloso que ahora se enreda en las pestañas. Esta melancolía, cómo el barro, solo hunde, y lo peor es que no se puede recuperar lo que nunca se ha tenido, y las plumas de pavo real  se hunden sin pausa en ese manto de mentiras, de indiferencia, de mierda. De unas semanas de gloria que solo precedían a un ocaso que no parecía mejor que esto.
Pero lo es, es raro escribir pensando en ti, y no sentir nada más que rabia, vacío, cuando apenas cruzamos una palabra. Pelirroja, corre detrás del conejo blanco y métete en su madriguera, devuelve el tiempo y despinta las rosas rojas, mata a el gato risueño de pena y vuelve para comerte un pedacito de tarta envenenada que diga <<Cómeme>>
En este mundo donde no existen lo finales felices,  los complejos hacen lo necesario para que nos metamos en nuestras cajitas de plástico, y saludemos al público que nos mira desde su escaparate, para que nos compre y nos utilice para sus caprichos tontos, vida, la llamaban.
Te quiero y punto, mis ojos no ciegan los tuyos, pero nadie ha dicho que tenga que ser reciproco, igual que esta cicatriz que me cruza el cuerpo, de la que tu no disfrutas el dolor.