jueves, 19 de mayo de 2011

Labios Carmín

 Para encabezar la lista de relatos, empezamos con un relato de mi propia cosecha,  ya que soy un alumno más, no gané pero a este relato en particular le tengo mucho cariño, porque enseña cosas, cosas de las que casi todo el mundo huye, pero de las que tenemos  que aprender. 
LABIOS CARMÍN
Siempre me han dicho que tengo que ser fuerte, que no puedo llorar.
Siempre con la misma cancioncita, pero aquí estoy de nuevo, con las lagrimas deslizándose hasta mi barbilla, y salpicando contra el frío suelo de baldosas en el que se hincan mis rodillas. Un reflejo, distorsionado, me mira con asco, y yo le devuelvo el gesto desde mi posición altiva. Mis dedos se introducen lentamente en mi boca, y una primera arcada me provoca un escalofrío pero solo eso.
Me doy asco, comprendo que se lo dé a los demás, ¿Si no te quieres a ti misma quién se va a preocupar de quererte? Un fantasma se apodera de mi reflejo, que me habla sumergido. “Eres una cobarde, ya sabía que no serias capaz de hacerlo” Más lágrimas “Eso es lo único que sabes hacer” Dice “Llorar y hacer daño, como la niña egoísta que siempre has sido”  Mi figura se deforma, y se transforma en la de mi Madre. “No vales nada ¿Me equivoco?, Eso estás pensando, eso es lo único que piensas, día y noche, no tiene límites…” Dice “Hazlo, venga, sabes que lo harás, ahora no tienes otra” “Cállate” Le contesto yo. “No tienes lo que hay que tener para hacerlo” Me reprocha ella “Eres como una pagina en blanco, y esto una mancha de tinta que se está haciendo demasiado grande para mi gusto” Vomito, solo para que se calle, pero no es suficiente, solo ha sido un calentamiento, su reflejo se rompe por la caída del líquido. Respiro “Sabes que vas a hacerlo, sabes que echarás hasta el alma por la boca” Ella otra vez. Cierro lo ojos. Me relajo y vuelvo a abrirlos lentamente, ya no está, un terror me recorre por dentro, y un murmullo sale de mi boca, a la vez que mis pupilas se encogen “Mamá, mamá, mamá, por favor, no, no me ignores, mamá no por favor…”  El reflejo torna y mi madre me mira interrogante “No lloraré” Murmuro “¿Te has tomado la pastilla no?” “Claro que lo he hecho” Contesto. Mi reflejo toma de nuevo mi forma “No puedes vomitar sin ella, como siempre ¿Es curioso no crees? Una bulímica que no puede vomitar por sí sola, parece un chiste” En ese instante mi cerebro se bloquea, una palabra inunda todo mi ancho de banda, dolor, en mayúsculas, y me obliga a quedarme quieta en el helado suelo de mi baño. Me duele la tripa, mucho, aguanto la respiración para levantarme a duras penas hasta  el espejo, y abro el grifo que está justo debajo, oxidado y con poca presión y me mojo el pelo. Agua reparadora, agua amiga, me mojo las muñecas, y me miro al espejo, sucio de quién sabe qué. Mi reflejo saca los brazos de su prisión asimétrica, y cierra los dedos entorno a mi cuello “¡Hazlo! ¡No te rindas, no ahora! ¿Por qué eres tan imbécil? ¿Por qué no sirves para nada? ¡¡Estúpida!!” Aprieta las manos, siento mis tendones hacer exactamente lo mismo, solo que mis brazos están quietos, muertos a lo largo de mi cuerpo, levanto la vista, la miro a la cara, no soy yo, es mi madre “Si has sido capaz de llegar hasta aquí, ¡continúa!” Vuelve a tener mi cara, pero eso es lo de menos, acerca sus etéreos labios marchitos a lo míos y me da un beso seco, que me devuelve todo el aire que me niegan sus opresoras falanges mientras me arrastra hacia la ventana de la que ha salido, y me deja a unos milímetros de la superficie perlada del espejo antes de desaparecer. Caigo de rodillas al suelo, y voy a gatas hasta el váter, de vuelta a donde he empezado. Me duele otra vez la tripa, apoyo los brazos en la taza,  no puedo pensar en nada. Mis dedos vuelven a recorrer mi boca, buscan y encuentran su destino, y una arcada hace que algo en mi interior se revuelva. Siento algo ascender por la garganta, pero intuyo  que algo no anda bien, esta en mi boca, pero no sabe a bilis, sabe a hierro… Cae en la taza del váter, inundando todo de un rojo escarlata.
SANGRE
Mi cerebro sufre un cortocircuito que hace que me desmaye, y abra los ojos tras unos minutos, mis labios están rojos, siento como mi reflejo me abraza. Distingo un charco de sangre ante mis mejillas, levanto mis ojos verdes para mirar a la puerta, donde mi madre me mira con cara de pasmoso terror.
Elijo con cuidado las que serán mis últimas palabras:
-M… Mira mamá, aquí está lo… lo que querías, mi alma, por la boca, a tus pies.
 Siempre me han dicho, que no debo llorar, que tengo que ser fuerte, pero, ya no más, ya nada de esto importa.

 

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